viernes, agosto 05, 2005

Resurrección?

Exacto.

No recuerdo bien lo que soñé anoche, pero lo voy a hacer y lo posteo para ustedes. Por eso elegí el primer sueño que anoté oficialmente; es muy dramático, y como es viernes nublado/lluvioso lo creí oportuno.


Casa.

Atiendo la puerta. Es papá que pasa sin siquiera saludar, como si se hubiera ido minutos atrás. Aunque no logro verle las caras a los demás, están todos muy sorprendidos, menos Emiliano (mi hermano), que me explica, cómplice, qué es lo que ha sucedido en todo este tiempo (dos años y medio desde que papá falleció). Me explica sin sorpresa que papá, el día que creímos que falleció, en realidad se fue de casa. No logro entender por qué, pero parece que la explicación de Emiliano es suficiente para ya no hacer más preguntas.

Sin embargo, yo sigo sorprendido (hay sueños que parecen realidad). Exigiéndole a papá aunque sea un abrazo (hace dos años y medio que no nos vemos... y resucitó!!), le pido que me explique un poco más de lo que Emiliano me contó. Aparentemente Iván ("el Mascarita") está involucrado. Está renovado, como si esa nueva vida lo hubiera enfervorizado. Entonces papá me cuenta qué hizo todo ese tiempo. Me cuenta que estuvo en plena Segunda Guerra Mundial y me hago una imagen de ello, un campo de batalla y muchos hombres corriendo semiagachados (el Call of Duty está influyendo demasiado en mí). Debo decir que, si bien él me estaba explicando, en ningún momento escuché su voz. Apenas me cuenta esa, su primera aventura fuera de casa, me retiro, ofendido. No me convence su historia, es demasiado burda... ¿papá en la Segunda Guerra Mundial?. Además, me imagino las historias siguientes. Si la primera era de ese calibre, no puedo más que imaginar que el absurdo pasaría a categoría de ridículo.

Salomé me sigue, como tratando de contenerme. Voy delante de ella, hacia el baño. El baño es un laberinto espiralado de paredes de azulejos y numerosos mingitorios futuristas. Debo decir que tienen un novedoso diseño. Lo hizo papá. Me siento como en una metáfora. Estoy en un baño, en el medio de un laberinto en espiral hacia adentro, rodeado de diseños exclusivos de papá. Me siento en el inodoro central. Con los codos en las rodillas dejo caer mi cabeza sobre las palmas de mis manos. Salomé me contiene. Y ahora empiezo a comprender... o por lo menos a razonar. ¿Cómo puede ser que estés acá, papá? Si me acuerdo que te velamos. Dos señores soldaron aquel cajón de chapa… Y de repente, todo se esfuma...